Manierismo(s)
En sentido estricto, el manierismo es una corriente estética de ruptura con las formas equilibradas y severas del Renacimiento.Ubicado en la flecha cronológica de la sucesión de estilos artísticos, el Manierismo vino a suceder al Renacimiento. Su gran época puede establecerse entre los años 1520 hasta 1600, cuando el Barroco irrumpe con fuerza sobre todo en la Europa continental y en América Hispana.
Y en una acepción más general, el manierismo es una reacción frente a los clasicismos; es decir que, una vez que se establece cierto academismo, ciertas “escuelas” que producen un arte señalado por sus exigencias de equlibrio, de evasión de lo suntuoso y de los excesos, le sigue una reacción que propugna por la lujuria de las formas, por la liberación de los cánones del arte “equilibrado”, por la profusión de elementos decorativos. A esta reacciones estilísticas las podemos llamar, entonces, "manierismo".
Así el romanticismo del siglo XIX es la “reacción manierista” frente al arte propio de la Ilustración. Las vanguardias artísticas del primer tercio del siglo XX (cubismo, futurismo, expresionismo, dadaísmo, o bien la atonalidad en la música, o el “modern-dance” de Martha Graham) serían, a su vez, los “manierismos” que se establecieron ante las distintas formas del arte “fin de siècle”, aproximadamente de 1865 a 1905.
Sería exagerado proponer una especie de historia cíclica del arte, cayendo en el esquematismo simple de decir que hay una interminable sucesión de etapas “clasicismos – manierismos – clasicismos…”. Sin embargo, en su simpleza, el planteamiento contiene elementos por lo menos válidos en lo que toca al arte posrenacentista, es decir, al período que sucede a la muerte de Raffaelo Sanzio en 1520, hasta más o menos 1750, cuando en casi todo el occidente se establece una vuelta a los modelos clásicos.
El “manierismo” se expresa sobre todo en las artes plásticas y, con menor vigor, en la arquitectura. La corriente se caracteriza por varios elementos comunes, que son la búsqueda de la sorpresa, las ganas de transgredir los cánones del “realismo”, y en consecuencia una temprana tendencia hacia temas, formas, espacios y alegorías abstractas. Esta serie de elementos será llevada al extremo con las corrientes barrocas que suceden al manierismo propiamente dicho, entre los años 1590 – 1620 en Europa.
Mucho tiempo subvalorados, los artistas y sus obras manieristas en la actualidad son vistos con otra mirada, en la que se subraya la actitud proclive a romper lanzas con el academismo y los rígidos cánones del arte del Alto Renacimiento (Rafael, Miguel Angel, Leonardo). Esas ganas de transgredir con las que se identifica la modernidad estética, aparecen en distintas variantes y sellos personales, en las obras siguientes:
Moisés defendiendo las hijas de Jethro.
Il Rosso

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Hay que notar la posición de los cuerpos humanos, “poco naturales” para el gusto del arte clásico. De manera semejante, el uso de los colores que busca un efecto de fuerte contraste, en lugar del paso cuidadoso de las distintas gamas de color, como también era el gusto estético renacentista. En cuanto al espacio, podemos veer que hay una “cascada” visual formada por la sucesión de cuerpos hacia el primer plano del cuadro. No puede dejarse de mencionar que el efecto del conjunto es sorpresivo, atenaza a la vista del espectador, y, en suma, la composición no está en absoluto desprovista de elegancia.
Otro muy buen ejemplo del estilo manierista, en la siguiente obra.
Cupido y Venus : Alegoría
Bronzino

En comparación con los cánones estéticos del Renacimiento, podemos que el estilo manierista se propone un "tour de force", una perspectiva que poco tiene que ver con el "realismo" sensorial, pues lo suyo es conseguir la sorpresa de los sentidos, la extravagancia en este caso de las poses, de la plasticidad de los cuerpos, representado aquí en posiciones poco "naturales".
Otro de los elementos que el manierismo trata de apropiarse en sus registros de la "exageración", de la transgresión de perspectivas "naturalistas", consiste en sus temas, revestidos con el ropaje de alegorías en las que se mezclan elementos grecorromanos (como es el caso de Cupido y Venus) con otros de carácter judeo-cristiano, como el del "pecado", tal y como se observa en la figura que se encuentra a espaldas del Cupido, en una evidente mueca de dolor moral, a causa del amor transgresor entre Venus y Cupido. Esa metáfora del amor transgresor de las leyes divinas y humanas se plasma en la muy forzada posición que tienen los cuerpos de los amantes.
El estilo manierista prefigura entonces los vericuetos y los muchos meandros de la densa expresividaddel Barroco.
Un ejemplo de esta prefiguración es visible en la obra del Arcimboldo.
Hortalizas

Librero

De nuevo, podemos ver que el estilo manierista se regocija y se refocila transgrediendo las perspectivas "naturalistas", de equilibrio y de grandeza que habían caracterizado al Renacimiento. El artista del manierismo quiere sorprender, quiere proponer un escándalo en el tema que aborda y en el cómo lo realiza.
El artista del manierismo se propone romper las amarras con los naturalismos, los realismos y los academicismos estéticos. Y entonces permite que se echen a navegar los barcos de la fantasía, de lo fantástico, de lo imaginario, como en el caso del Arcimboldo.
Sorprende el tinte de "modernidad" que tienen algunas de las más logradas obras manieristas. En los cuadros del Arcimboldo, por ejemplo, no hace falta mucho esfuerzo para recrear composiciones del Cubismo.
Y aún cuando el artista del manierismo prefiera encuadrar sus obras en un tono de contención, de no sobrepujar la forma, resulta que nos ofrece unas obras marcadas por una elegancia que, aunque lejos del equilibrio renacentista, logra su cometido de sorprender, de asombrar, de producirnos pasmo ante lo contemplado por la vista, como en la escultura manierista siguiente:
Perseo
Cellini

(Continuará)

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