La sempiterna corriente de los Mitos (I)
Aquella corriente misteriosa a medio camino entre el sueño y la certeza en la realidad de las imágenes sobre el origen y el fin, es la sempiterna corriente de los Mitos.
Decía el sociólogo y antropólogo Emile Durkheim (1858-1917) que los Mitos son unos relatos que se refieren a lo “sacro”, a “lo sagrado” de los orígenes de todos los seres. Esta separación entre “sagrado” y “profano” (es decir, lo que se refiere a lo terrenal) es clave para entender a los mitos. No se crea que los Mitos son una creación única de civilizaciones “precientíficas”, pues aun en la actualidad, vemos que existen mitos “laicos”, mitos por ejemplo sobre la “heroicidad” de cierta “gesta popular o nacional”, a cuyos personajes se les reviste con los ropajes de supra-humanidad, de ser unos seres más allá de la terrenalidad en la que vive el común de los mortales. De ahí a considerar “sagrados” (en el sentido de no profanos) a esos episodios y su galería de héroes y villanos, hay un umbral finísimo. Tomemos como ejemplo a las historias oficiales sobre las luchas independentistas, o las “gestas” colectivas contra los coloniajes.
¿Qué es lo que hace poderosos a los Mitos? ¿Por qué son inventados? ¿Por qué las personas creen que son reales? ¿Por qué a partir de los Mitos se establecen relatos y narraciones “sagradas” que muy a menudo se acompañan de prohibiciones, castigos, reglas y métodos para determinar culpas colectivas e individuales?
Parece que no hay una sola respuesta válida a esta serie de interrogantes. Cada cultura y cada civilización tienen una personalidad y singularidad que no permite realizar una generalización, una respuesta genérica que se aproxime a saber por qué ha creado ciertos mitos y por qué sus creadores (las personas que viven dentro de esa cultura) los creen “reales”.
Sin embargo, han existido intentos para hallar esas respuestas generales.
Sigmund Freud en «Tótem y Tabú» (escrito entre 1912 y 1913) menciona que el terror colectivo al incesto es un hecho antiquisímo en todas las culturas. A lo largo de la historia, se ha tratado de expulsar al incesto de castigos y represiones que han hechado raíces en el inconciente, formando entonces a los Tabús: lo que no está permitido ni siquiera pensar, y muchísimo menos hablar, pues representa una transgresión que acarrea angustias y neurosis no sólo para las personas que rompen los tabús, sino también para el resto de la colectividad. Códigos de conducta y de pensamiento se han elaborado y reelaborado para reprimir el rompimiento de los Tabús, y sobre todo los del incesto y del parricidio. Muchas de las neurosis actuales, de acuerdo al fundador del psicoanálisis, se deben a los sentimientos de culpa producidos por el haberse permitido pensar, soñar, mencionar y haber vivido tentaciones o actos ya fuese de incesto, ya fuese de parricidio.
(vista posterior)
El animal totémico por excelencia de esta cultura fue el águila, que en este relieve aparece erguioda sobre frutos de nopal que representan corazones humanos. El águila es el tótem del Sol, necesitado de la energía de corazones humanos para vencer a las fuerzas de las tinieblas.
Para Freud, los tabús se asocian a menudo con objetos o con animales, los cuales se convierten, entonces, en entes Totémicos, a los que está prohibido “desacralizar”. Los Tótems están asociados a Tabús profundos, y por eso entre estos dos elementos se han elaborado Mitos de origen, y que se manifiestan de distintas formas: a veces en narraciones, a veces en ritos religiosos, a veces en los sueños de las personas.
Se puede estar o no de acuerdo con estas hipótesis de Freud. Lo que es cierto es que en los Mitos tenemos no sólo a relatos que tratan sobre el origen del estado de cosas existente. Hay en las mitologías ciertos elementos que se refieren a lo lo prohibido (tabús), y a asociaciones de los tabús y de lo “sagrado” con objetos materiales o seres vivos que pasan a ser los entes totémicos. Basta echar un vistazo a nuestro derredor para adverir que nuestras vidas personales y colectivas están pobladas por tabús, tótems y el gran cuadro en el que se enmarcan: los Mitos.
Estamos en un mundo donde la capacidad de asombro y de creación trata de ser domesticada por los sacerdotes del cientificismo, y por los mercaderes de los medios de comunicación masiva. Los primeros dicen ser los depositarios de la verdad y los enemigos de las falsedades. Los segundos no descansan un solo instante alimentando su propios mitos del consumismo: los estereotipos físicos, económicos y emocionales qu indican quiénes de nosotros pertenecemos, o no, a la clase superior de las personas.
Como lo sugirieron los surrealistas, la recreación artística y el consiguiente disfrute de los Mitos ayuda a liberar nuestras capacidades de asombro, de inventiva, de creación, de imaginar utopías, de salir fuera de las cárceles de la represión y la culpa.
Vamos a mencionar Mitos de algunas civilizaciones, como alimento para nuestras energías creadoras, fantaseadoras, surrealistas.
Mito de la creación de mundo según los jibaros (Ecuador y Perú, selva del Amazonas).
La tierra, al principio, estaba desnuda y fría. Yus, el dios creador, pensó en vestir la tierra seca con árboles gigantes y pequeñas plantas. Entre las ramas el viento silbaba, lo que recordó a Yus que necesitaba poblar su creación con pequeños animales que silbaran como el viento. Creó así a pequeños animales, como las moscas y otros insectos, serpientes que también silbaban y los pájaros. Junto a ellos colocó pequeños animales que saltaban de rama en rama, muertos de sed.
oro y derramó el líquido sobre las copas de los árboles, formándose entre ellos
primero manantiales y después enormes ríos, poblándose de inmediato de
innumerables peces.
Miró entonces al cielo y, lanzando su pañuelo a las alturas, cubrió el cielo
apareciendo entonces el sol, la luna y las estrellas.
Pero Yus no estaba satisfecho con su creación, ya que sus criaturas eran demasiado
simples para comprender la grandeza de su obra, por lo que tomó un puñado de
barro y modeló una figura de hombre. Luego subió a un gran volcán y sobre su
cráter se coció el hombre. Yus dio un soplo sobre la figura para enfriar el cuerpo,
dándole así la vida e inteligencia para que se extendiera por la tierra.
Mito de los Orígenes según los Maoríes (Polinesia)
En la época de la creación, la diosa Tierra (Papa), y su marido Rangi, el dios Cielo, estaban tan enamorados que se abrazaban y no se separaban el uno del otro. Por esta razón, la tierra y el cielo estaban siempre juntos y unidos sólidamente, de forma que la luz no podía entrar en el mundo.
Papa parió varios niños, pero éstos quedaron atascados entre sus padres y no podían escapar. Al final, los niños decidieron que tenían que salir de allí. Uno de ellos, Tane, sugirió obligar a sus padres a separarse. Todos los niños estuvieron de acuerdo en que esa era una buena idea. Entonces, uno a uno, trataron, sin éxito, de empujar a sus padres para separarlos. Finalmente, lo intentó Tane. Se dobló sobre sí mismo todo lo que pudo y se metió entre sus padres. Con sus pies apoyados en Rangi y sus hombros apoyados en Papa, empujó.
Empujó durante horas, empujó durante días, empujó durante semanas y durante años y años. Y muy, muy lentamente, consiguió ir desdoblando su cuerpo, ir poniéndose derecho, y, al final, separar a sus padres.
La luz entonces entró en el mundo y, por primera vez desde que el mundo fue creado, las plantas empezaron a crecer.
Mito de los orígenes de los Nativo-Australianos
Al principio la Tierra era una llanura desnuda. Todo estaba oscuro. No había vida, ni muerte. El sol, la luna, y las estrellas dormían debajo de la tierra. También dormían allí todos nuestros antepasados, hasta que, finalmente, se despertaron y salieron de su estado, rompiendo la superficie bajo la que se encontraban.
Cuando estos antepasados se despertaron, vagaron por la Tierra, a veces
adoptando una forma animal (como canguros, emúes o lagartos), otras veces
adoptando una forma humana, y otras veces en forma medio humana y medio
animal, o mitad humana y mitad planta.
Los Ungambikula eran dos de estos seres, creados así mismos a partir de la nada.
Mientras vagaban por la tierra, los Ungambikula encontraron a unos humanos a
medio hacer: estaban hechos de plantas o animales, pero eran bultos sin forma.
Eran formas vagas y sin terminar, sin miembros ni rasgos distintivos. Se encontraban encogidas, formando una especie de bolas.
Con sus grandes cuchillos de piedra, los Ungambikula esculpieron esos bultos
informes, tallando las cabezas, cuerpos, piernas y brazos. Tallaron las caras, y las manos y los pies. Y, al final, los seres humanos fueron acabados. Es por esto que cada hombre y cada mujer debe ser fiel a la planta o al animal del fue creado (como el ciruelo, las semillas de hierba, los lagartos grandes y pequeños, el periquito o la rata).
Una vez hecho este trabajo, nuestros antepasados volvieron a dormirse. Algunos de ellos volvieron a sus casas bajo la superficie de la tierra, otros se transformaron en rocas y en árboles. Los caminos por los que vagaron, son caminos sagrados. Y en todos los sitios donde estuvieron dejaron señales sagradas de su presencia: una roca, una cascada, un árbol.
MUSICA NATIVO-AUSTRALIANA
DANZA NATIVO-AUSTRALIANA «EL PAJARO Y EL PEZ»
*** Continuará ***









Book-Fu dijo
La naturaleza ya no sorprende. Nuestra relación con su peligro es ínfima. El juicio medio de la Humanidad actual es pseudo-estético.
Muy lindo tu post!
12 Abril 2008 | 06:07 PM