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Manierismos

Manierismo(s)

En sentido estricto, el manierismo es una corriente estética de ruptura con las formas equilibradas y severas del Renacimiento.Ubicado en la flecha cronológica de la sucesión de estilos artísticos, el Manierismo vino a suceder al Renacimiento. Su gran época puede establecerse entre los años 1520 hasta 1600, cuando el Barroco irrumpe con fuerza sobre todo en la Europa continental y en América Hispana.

Y en una acepción más general, el manierismo es una reacción frente a los clasicismos; es decir que, una vez que se establece cierto academismo, ciertas “escuelas” que producen un arte señalado por sus exigencias de equlibrio, de evasión de lo suntuoso y de los excesos, le sigue una reacción que propugna por la lujuria de las formas, por la liberación de los cánones del arte “equilibrado”, por la profusión de elementos decorativos. A esta reacciones estilísticas las podemos llamar, entonces, "manierismo".

Así el romanticismo del siglo XIX es la “reacción manierista” frente al arte propio de la Ilustración. Las vanguardias artísticas del primer tercio del siglo XX (cubismo, futurismo, expresionismo, dadaísmo, o bien la atonalidad en la música, o el “modern-dance” de Martha Graham) serían, a su vez, los “manierismos” que se establecieron ante las distintas formas del arte “fin de siècle”, aproximadamente de 1865 a 1905.

Sería exagerado proponer una especie de historia cíclica del arte, cayendo en el esquematismo simple de decir que hay una interminable sucesión de etapas “clasicismos – manierismos – clasicismos…”. Sin embargo, en su simpleza, el planteamiento contiene elementos por lo menos válidos en lo que toca al arte posrenacentista, es decir, al período que sucede a la muerte de Raffaelo Sanzio en 1520, hasta más o menos 1750, cuando en casi todo el occidente se establece una vuelta a los modelos clásicos.

El “manierismo” se expresa sobre todo en las artes plásticas y, con menor vigor, en la arquitectura. La corriente se caracteriza por varios elementos comunes, que son la búsqueda de la sorpresa, las ganas de transgredir los cánones del “realismo”, y en consecuencia una temprana tendencia hacia temas, formas, espacios y alegorías abstractas. Esta serie de elementos será llevada al extremo con las corrientes barrocas que suceden al manierismo propiamente dicho, entre los años 1590 – 1620 en Europa.

Mucho tiempo subvalorados, los artistas y sus obras manieristas en la actualidad son vistos con otra mirada, en la que se subraya la actitud proclive a romper lanzas con el academismo y los rígidos cánones del arte del Alto Renacimiento (Rafael, Miguel Angel, Leonardo). Esas ganas de transgredir con las que se identifica la modernidad estética, aparecen en distintas variantes y sellos personales, en las obras siguientes:

Moisés defendiendo las hijas de Jethro.

Il Rosso

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Hay que notar la posición de los cuerpos humanos, “poco naturales” para el gusto del arte clásico. De manera semejante, el uso de los colores que busca un efecto de fuerte contraste, en lugar del paso cuidadoso de las distintas gamas de color, como también era el gusto estético renacentista. En cuanto al espacio, podemos veer que hay una “cascada” visual formada por la sucesión de cuerpos hacia el primer plano del cuadro. No puede dejarse de mencionar que el efecto del conjunto es sorpresivo, atenaza a la vista del espectador, y, en suma, la composición no está en absoluto desprovista de elegancia.

Otro muy buen ejemplo del estilo manierista, en la siguiente obra.

Cupido y Venus : Alegoría

Bronzino

 

En comparación con los cánones estéticos del Renacimiento, podemos que el estilo manierista se propone un "tour de force", una perspectiva que poco tiene que ver con el "realismo" sensorial, pues lo suyo es conseguir la sorpresa de los sentidos, la extravagancia en este caso de las poses, de la plasticidad de los cuerpos, representado aquí en posiciones poco "naturales".

Otro de los elementos que el manierismo trata de apropiarse en sus registros de la "exageración", de la transgresión de perspectivas "naturalistas", consiste en sus temas, revestidos con el ropaje de alegorías en las que se mezclan elementos grecorromanos (como es el caso de Cupido y Venus) con otros de carácter judeo-cristiano, como el del "pecado", tal y como se observa en la figura que se encuentra a espaldas del Cupido, en una evidente mueca de dolor moral, a causa del amor transgresor entre Venus y Cupido. Esa metáfora del amor transgresor de las leyes divinas y humanas se plasma en la muy forzada posición que tienen los cuerpos de los amantes.

El estilo manierista prefigura entonces los vericuetos y los muchos meandros de la densa expresividaddel Barroco.

Un ejemplo de esta prefiguración es visible en la obra del Arcimboldo.

Hortalizas

 

Librero

De nuevo, podemos ver que el estilo manierista se regocija y se refocila transgrediendo las perspectivas "naturalistas", de equilibrio y de grandeza que habían caracterizado al Renacimiento. El artista del manierismo quiere sorprender, quiere proponer un escándalo en el tema que aborda y en el cómo lo realiza.

El artista del manierismo se propone romper las amarras con los naturalismos, los realismos y los academicismos estéticos. Y entonces permite que se echen a navegar los barcos de la fantasía, de lo fantástico, de lo imaginario, como en el caso del Arcimboldo.

Sorprende el tinte de "modernidad" que tienen algunas de las más logradas obras manieristas. En los cuadros del Arcimboldo, por ejemplo, no hace falta mucho esfuerzo para recrear composiciones del Cubismo.

Y aún cuando el artista del manierismo prefiera encuadrar sus obras en un tono de contención, de no sobrepujar la forma, resulta que nos ofrece unas obras marcadas por una elegancia que, aunque lejos del equilibrio renacentista, logra su cometido de sorprender, de asombrar, de producirnos pasmo ante lo contemplado por la vista, como en la escultura manierista siguiente:

Perseo

Cellini

 

(Continuará)

Figuritas de pasta

Por Samara


Ajusto la iluminación, cambio el ángulo, vuelvo a enfocar y me doy cuenta que mi reflejo sale en la foto. Qué monserga. Nunca imaginé que esos pequeños muñecos fueran tan esquivos. Busco otro ángulo y, mientras escudriño, intento compartir tu gusto por esas figuritas de pasta hechas en China que, dicho con toda honestidad, me resultan agradables. Al final ¿Qué diferencia hay entre ellas y las decenas de animalitos de artesanía que pueblan la mesa de mi sala?.

A ver…creo que aquí está bien, enfoco de nuevo y disparo. No, otra vez salió oscura. ¿Qué falló? Tu talento coreográfico se nota en la disposición de las figuras: al centro la más llamativa; las pequeñas y de formas similares en las orillas, en un juego de simetría muy obsoleto, lo admito, pero que trasluce el cuidado con el que planeas las cosas. Otro disparo y de nueva cuenta fracaso. Bueno…una con flash. No, qué artificial se ve, nunca me ha gustado el flash. Ni modo, mejor otro día, la semana que viene.

¿Estarás para entonces? Tu vejez y tu artritis no nos dan muchas opciones. Siempre pienso que esta vez quizá va a ser la última, pero aun así, la fuerza del hábito es lo que te hace vivir y a mí me hace pensar que sí te veré en una semana, a lo mejor más encorvada y más enjuta, pero ahí estarás, caminando a pasitos y quejándote del dolor, como siempre.

El dolor, que tanto has padecido y por tanto tiempo. Qué paradoja: viviste por y para el movimiento y ahora él es tu verdugo. Sólo una soledad como la tuya puede hacerte preferir el sufrimiento de seguir enseñando pasos y secuencias a cambio de unas horas de compañía, en las que alternas minutos de clase con una vida de recuerdos. Quizá por eso te gustan las figuritas de pasta. Su felicidad inmóvil es el estado ideal, y con la insistencia de mis fotos torpes a lo mejor descubriré un secreto entre ustedes, que apenas alcanzo a percibir, como las siluetas en penumbra que despliega la pantalla de mi cámara. Nunca podré tener la imagen que quiero porque ahí está el último reducto de tu ser que el dolor no carcomerá. El estado perfecto al que esperas llegar cuando cierres tus sentidos y te entregues por fin, a esa quietud infinita, placentera y liberadora que será tu descanso, sin importarte ya qué pensaremos nosotros, cuando lloremos tu muerte.


El barroco mexicano

Por Samara

Familiar indirecto del manierismo italiano; y expresión de una interacción, a veces armónica, a veces violenta, de varias culturas, el barroco mexicano se materializa gracias a la destreza y percepción estética de los artistas y artesanos locales. El miedo al vacío transformado en una marea de ornamentación que atrapa irremediablemente a los ojos y a las almas. Cada voluta, cada forma, cada intersticio de este estilo nos recuerda la fragilidad de la vida, nuestro paso efímero por el mundo. Es un mundo alterno, una dimensión nueva, más allá de lo que la religión nos presenta.


Quizá por eso, el barroco mexicano está poblado, a veces, de extraños seres muy ajenos a las imágenes convencionales, y también de querubines que despliegan insistentemente su presencia en los lugares más inesperados, siempre con una carga a cuestas ¿acaso el peso de nuestra insignificancia?.


Tepotzotlán, Estado de México


San Francisco Acatepec, Puebla.


Tonantzintla, Puebla.


Antes que adorar a entidades metafísicas, el barroco mexicano es profundamente terrenal, no sólo por materializar en su belleza perversa por lo menos a tres pecados capitales; también por ser la manifestación de nuestra triste condición humana: la certeza de que algún día moriremos. Los espléndidos espacios y el manejo de la luz dan cuenta de esa conciencia y de la esperanza de arribar a otro mundo, una nueva realidad.


Tonantzintla, Puebla.


Tepotzotlán, Estado de México.


El terror al vacío, pero también el culto a la luz. La gran tragedia de los altares barrocos reside precisamente en su ornamentación: deben permanecer confinados para poder conservarse. Y por eso su grandeza es finita al limitar su esplendor al número de fieles que es capaz de albergar el recinto que los contiene. Y quizá como una compensación a este egoísmo, la luz es la invitada de honor; la que decidirá a fin de cuentas cuál es la verdadera dimensión de las bóvedas, los altares, las columnas y sus ricos ornamentos.

San Francisco Acatepec, Puebla

Tepotzotlán, Estado de México.

Y como una anticipación a las bellas promesas de los templos, las volutas petrificadas de sus fachadas, muchas de ellas reproducciones de los altares interiores, nos cuentan historias con orgullo y grandilocuencia, en su intento por cautivar al transeunte en sus evoluciones, o atrayéndolo con su colorido. “Ven: aquí está lo bueno”, parecen decir, y ofrecen sus relieves, o sus coloridos azulejos como lujosos peldaños para ascender a unas alturas de las que nadie sabe nada todavía, pero que ya en el trámite han convencido al mortal de su miseria terrenal, o lo han repelido hacia otras búsquedas.

Santo Domingo, D.F.

Tepotzotlán, Estado de México.

La Merced, D.F.

San Francisco Acatepec, Puebla


Las puertas son quizá los únicos objetos verdaderamente utilitarios en ese mar de sueños de oro y piedra. Existen porque son imprescindibles, y como todo aquello que debe ser primero útil y luego bello, su decorado geométrico y adusto, las más de las veces, contrasta con su entorno inmediato. Y a pesar de que en algunas puertas la ornamentación se filtra, como el moho en una superficie húmeda, no hay una solución de continuidad: lo divino debe resguardarse, si es necesario a costa de lo bello. Las puertas en el barroco mexicano tienen más la estética de un mueble que de un elemento arquitectónico.

Santo Domingo, D.F.

Santo Domingo, D.F.

La Merced, D.F.


Expresión de abundancia, y esperanza, pero también de un gran sufrimiento, el barroco mexicano sintetiza, con sus maderas talladas, su pan de oro y sus argamasas bruñidas, la complejidad de un pueblo, que en su aparente sumisión decantó lo mejor de su esencia.




Una pequeña historia sobre cabezas y ángeles

La cabeza como residencia o como prisión del alma, su conversión en un amuleto a través del complejo ritual de la "Tzantza". Depositaria y emisora de ideas; rectora de movimientos, palabras y pensamientos, también puede conducirnos contra nuestra voluntad a situaciones intensas e inesperadas, como la que narra esta pequeña historia.

Ángel de la guardia

Samara



La casita superó con creces cualquier comparación, incluso con aquélla que yo siempre volteaba a ver, fascinada, cuando circulábamos por aquel atajo que mi mamá tomaba para llevarme a la clase de ballet. No, no había nada igual a ésta. ¡Qué linda era, qué graciosa, qué colorida! Parecía una de esas galletas alemanas que Silke nos regalaba en Navidad, sólo que elaborada a escala humana. Me acerqué a ella por el caminito empedrado y bordeado de pensamientos; admiré su fachada compacta, vestida toda con el elegante traje verde de una espesa enredadera. De entre esa pared vegetal sobresalía, como una gran boca, la escalerita de barro rojo con su barandal de hierro forjado, que conducía a la gruesa puerta de madera labrada.


No ví ningún timbre, quizá porque resultaba demasiado ordinario para una casita campestre; pero tampoco había campana. No quedaba otra opción más que tocar directamente la puerta. Antes de tomarme esa confianza, preferí caminar unos pasos hacia mi izquierda y atisbar por los cristales biselados de las ventanas, atravesando el calado de esas preciosas cortinas blancas tejidas a gancho. No ví a nadie, no ví nada. Regresé a la puerta y alargué mi brazo, vacilante, para golpear la madera con los nudillos de la mano.


- Perdóneme, chula, pero no puedo hacer nada hasta nueva orden.

- ¡Es que no me pueden dejar así, señorita! –exclamé suplicante-.

- Yo qué más quisiera que ayudarla, créame, pero luego me regañan muy feo.

Inevitablemente se me hizo de noche en el camino, la casita de campo había quedado muy atrás. Perdí demasiado tiempo allí y ahora lo único que alumbraba mi marcha era la luz de la luna. Y así, caminando en esa oscuridad amenazante, sin saber cómo, llegué hasta aquel árbol espléndido que, iluminado por una luz misteriosa, tenía algo de sobrenatural. Las raíces se extendían varios metros a la redonda, formando una inmensa estrella de la que surgía el grueso tronco color marfil. Las poderosas ramas sin hojas, sostenían unos frutos grandes y pesados, que colgaban elegantemente. Su blancura y su forma alargada recordaban a las flores de las yucas.

- ¡Por favor; por favor; por favor; por favor; por favor; por favor…!

¿Producto de una inexplicable evolución? ¿Tumba colectiva? ¿Refugio de fantasmas? Las cabezas humanas que en un primer momento confundí con frutos, despertaron de su sopor al oír mis ruegos y voltearon hacia mí en un macabro unísono. Su expresión primero fue de sorpresa, pero poco a poco cambió hasta convertirse en algo que me pareció una leve sonrisa solidaria y me tranquilicé por unos momentos. “Por lo menos ellas me comprenden”, pensé, “no estoy sola”.

- Es que no te podemos dar aspirina, porque estás tomando anticoagulantes.

- Pero ya no aguanto la migraña, doctora, hasta estoy viendo visiones –repliqué

balbuceante- Nadie me quiere ayudar, ni las enfermeras ni los doctores.

- La migraña es efecto del vasodilatador. Mira, voy a darte un analgésico con

paracetamol.

Ví entre lucecitas la figura de la doctora de guardia alejándose, casi flotando, por el pasillo del hospital. Si no supiera que era una bata lo que llevaba puesto, juraría que ese resplandor blanco eran las alas de un ángel que el cielo, en su misericordia infinita, mandó para aliviar el sufrimiento de mi convalescencia posoperatoria, complicada inesperadamente por los caprichos de un coágulo itinerante.

MITOS SOBRE EL ORIGEN DEL FUEGO (Los Shuar)

EL DELGADO UMBRAL ENTRE LA HISTORIA Y LOS MITOS

En las selvas amazónicas de las fronteras entre el Ecuador y el Perú, tiene su territorio la cultura de los Shuar, a quienes los conocemos bajo el nombre que les dieron los colonizadores españoles del siglo XVI: los “Xíbaros”, lo cual perece significar la bestialidad humana más profunda. La disminución de cabezas arrancadas a sus enemigos, la terrible “tzantza”.

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Los Jíbaros, «Shuar», pueblo de la Amazonia ecuatoriano'peruana, han logrado mantener su independencia política y cultural desde tiempos precolombinos

Desde tiempos prehispánicos, se tenían noticias de que los Shuar habían resistido los intentos de sojuzgamiento por parte de los Incas. Se tiene registrada una historia que data de 1490, en la que las avanzadas andinas fueron derrotadas por este indómito pueblo de la selva. Decenios después, en el año de 1549, toca a los colonizadores españoles el ser vencidos por los Shuar, quienes además realizan una incursión a los puestos avanzados hispánicos, y dejando tras de sí cadáveres enemigos, mientras tomaban como prisioneros a niños y mujeres españoles, de quienes nunca se volvió a tener noticia.

Cincuenta años más tarde, en 1599, los Shuar expulsan a las huestes y avanzadillas ibéricas de toda la región del alto Amazonas ecuatoriano. Desde entonces y hasta inicios de la década de 1960 (es decir, 360 años más tarde) los Shuar, conocidos también como pueblo “Aguaruna”, vivieron en el aislamiento completo.

Una de las costumbres de los Shuar que originaron y siguen originando sensaciones inquietantes, es la tzantza, la reducción de cráneos humanos, y que les ha valido la etiqueta siniestra de ser unos cazadores de cabezas que representan la barbarie, el estado casi animal que puede alcanzar cierto pueblo. Comprender la mentalidad de los llamados Jíbaros (no todas sus tribus realizan la “Tzantza”) es ir contra esos prejuicios hacia los Otros y, también, comprender las maneras contrastantes en las que los seres humanos producimos cultura.

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La cultura de los Shuar no establece una separación tajante entre estas tres esferas::

(1) El Mundo de los hombres y las mujeres
(2) El Mundo de los animales y las plantas
(3) El Mundo de los demonios, fantasmas y espíritus

Todos estos planos, además, adquieren “realidad” no sólo a través de las creencias y los cinco sentidos, sino también por la mediación de los sueños. Para los Jíbaros, en los sueños nos comunicamos y entramos en tratos con las almas de cada ser que vive en cualquiera de los tres mundos. Los animales y plantas tienen “alma” similar a la humana, y es por eso que, al igual que los seres espirituales, nos hablan en los sueños y en la vigilia.

En la mentalidad Shuar, no hay una frontera entre lo “carnal” y lo “imaginado”, lo “creído” y lo “soñado”. Hay, por el contrario, un tenue, un finísimo umbral entre la realidad de los sentidos y la realidad de lo onírico y de lo espiritual.

Así, para los Shuar los tres Mundos de la existencia se encuentran conectados, sin importar las distancias, por ejemplo, entre el alma de un pájaro que se debate en las garras de cierto depredador, y las agonías de un hombre de la tribu: toda la existencia (humanidad, flora, fauna, espíritus) tiene una naturaleza totémica; a diferencia de otras culturas, los Shuar piensan que cada ser humano, cada planta y animal, cada creencia y sueño, están revestidas de ese carácter totémico, es decir, sagrado y terrenal al mismo tiempo.

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En la visión chamánica, son vaporosos los umbrales entre sueños, imaginación, realidad tangible, el Más Allá

En esta mentalidad Shuar, la idea y la costumbre de la venganza violenta son algo aprendido desde hace generaciones y desde la crianza de los vástagos. Así, un cazador yerra el blanco de su presa, porque alguien está cobrándole venganza, ya sea en sueños, ya sea el “alma” de un animal que pretende hacerle daño al fallido depredador jíbaro. Un marido golpea a la una de sus esposas (entre los Shuar la poligamia es una institución firmemente establecida), pero poco tiempo después, la mujer agredida se cobra su “vendetta” asesinándolo. Para este pueblo, ninguna cuenta deja de cobrarse: es más, la venganza debe ejercerse como imperativo categórico.

¿Cómo pueden los Jíbaros precaverse de la “vendetta” de los enemigos muertos, quienes se manifestarán a través de pesadillas, de inocular a un ser vivo con sentimientos de aversión total hacia su ejecutor?

La precaución es, precisamente, la “tzantza”: la decapitación y la reducción de cráneos humanos

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Cabezas humanas reducidas después del ritual - proceso de la «tzanzta». Para los Shuar, el «alma» del decapitado queda atrapada para siempre en estas cabezas, con lo que se protege, por todas las eternidades, de la venganza de los decapitados

Una cabeza cortada, y luego reducida de tamaño, permite que el alma del difunto (“muisiak”) no escape y por lo tanto no pueda vengarse. Para los Shuar, como para muchas culturas modernas y antiguas, el centro de la humanidad, del “alma” humana, se encuentra en la cabeza. Y una de las características de esa “alma” son los impulsos para ejercer venganzas, desquites, ajustes de cuentas, y por eso se busca encerrarlos para siempre al cortar, reducir y coser las cabezas.

Una de las anécdotas más célebres sobre los Jíbaros data apenas de los años sesentas, cuando unas de tantas misiones evangelizadoras les plantearon a los Shuar que el cristianismo preconiza el perdón a las ofensas, creencia que originó en ellos una total incredulidad, burlas y desconcierto, pues no conciben que nadie pueda vivir “en paz” sin ejercer vendettas.

Menciono en el párrafo anterior el verbo “vivir”, a sabiendas de que para los Shuar se sigue viviendo aun después de fallecido el cuerpo, la carnalidad de la existencia. Para ellos, hay una interconexión tan poderosa entre todos los entes (incluidos los “espirituales) que cuando alguien muere, el “alma” de sus pulmones se reencarna en una mariposa, el “alma” de su corazón se transporta a la de un pájaro, y su el “alma” de su sombra va a incorporarse en un árbol.

Para el pueblo Shuar, todo, es decir la muerte, las sombras, las venganzas y sueños incluidos, absolutamente todo, tiene rasgos totémicos.

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Si la milenaria constumbre y ritual de la “tzantza” nos sigue inquietando (¿a quién diablos le es agradable, aunque sea ya cadáver, que le cercenen la cabeza y luego sea sometida al “sacrilegio” de convertirla en un horrendo y minúsculo adefesio?), esa cosmovisión Shuar al mismo tiempo totémica y de una profunda integración entre los mundos naturales y humanos, les permite oponerse a la destrucción de su hábitat selvático en la alta Amazonia.

Hasta el presente, los Shuar han impedido que la empresa petrolera “Burlington Oil Company” lleve a cabo perforaciones en aquella región. Igual han logrado impedir que las grandes compañías farmacéuticas tengan vía libre para depredar a la flora amazónica. Estas palabras de una mujer Shuar, refiriéndose a las eventuales perforaciones petroleras, sintetizan la cosmovisión de su antiquísimo y mal comprendido pueblo:

«Un hoyo en la madre Tierra mataría para siempre a muchos espíritus del Inframundo».

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Selva de la Amazonia, domicilio secular de los pueblos Aguaruna, Shuar, Jíbaros


MITO SHUAR ACERCA DEL DOMINIO HUMANO SOBRE EL FUEGO

Los ancestros Jíbaros no conocían el fuego, y acostumbraban tomar los alimentos manteniéndolos durante buen tiempo entre sus mandíbulas cerradas, para lograr entibiarlos. También aquellos antigus dejaban la comida en los claros de la selva para que el Dios Padre Sol, «Etsa» lo calentara con su divina alma ardiente.

En esos tiempos tan lejanos, los Jíbaros no tenían forma humana, sino que eran Pájaros, y sólo uno de ellos, de nombre Takea, conocía el secreto para producir fuego, frotando dos palos entre sí. Takea era envidioso. No quería que nadie más supíera hacer lumbres, y su alma temebrosa lo hacía estar al pendiente de los intentos que hacían los otros Jíbaros para robarle el fuego, así que en el momento en que escuchaba aleteos de Pájaros acercándose a su guarida, esperaba el momento justo para destrozar al ave intrusa, cercenándola con el filo de la puerta y el muro de su madriguera.

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Pájaro de Fuego

Sin embargo un día llega un minúsculo Pájaro-Mosquito y les propone a los demás Jíbaros una estratagema para hurtar a Takea el secreto del fuego. Todos consienten. El Pájaro-Mosquito moja sus pequeñas alas, y se pone a simular temblores de escalofrío cuando mira acercarse a la mujer de Takea. Esta siente compasión por el pajarillo y lo introduce a la casa, acercándolo al fuego. Como el Pájaro-Mosquito es demasiado pequeño para cargar uno de los troncos ardientes, finge todavía más su falsa enfermedad, y engaña a la mujer de Takea, quien lo coloca a la misma orilla de las chispeantes ramas. Entonces el Pájaro-Mosquito acerca las plumas de su cola a las lumbres, se le encienden y antes de otra situación, escapa rumbo al bosque.

En esa parte las “almas” de los árboles son ancianas, de manera que sus cortezas están llenas de rugosidades y están prestas a arder. Las chispas de sus plumas traseras queman, en efecto a unas ramas, y el ingenioso ladrón la toma con el pico para de inmediato dirigirse al escondite donde lo aguardaban sus secuaces. Les grita: «Ahora ya tenéis el Fuego. Tomadlo y llevádselo lejos de Takea. En adelante, no tendréis necesidad de calentar vuestros alientos debajo de los brazos y dentro de sus mandíbulas».

Takea mientras tanto reclama enfurecido a su mujer: «¿Por qué dejaste entrar a ese ladrón Pájaro-Mosquito? ¡El miserable nos ha robado nuestro fuego y ahora todo mundo podrá tenerlo! ¡Y tú mujer, tú eres la responsible de esta fechoría!».

Desde entonces, los Shuar son dueños del secreto del Fuego, y saben producirlo al frotar reciamente a dos trozos de madera de algodón, uno contra el otro.

Versión libre del relato registrado por Rafael Karsten, « Mitos de los indios jibaros (Shuara) del Oriente del Ecuador », Boletín de la Sociedad Equatoriana de Estudios Historicos Americanos, II (1919).

Otra variante en esta liga:
http://www.cab.int.co/cab8/index.php?option=com_content&task=view&id=526&Itemid=0


Uno de los Mitos constantes en todas las culturas humanas es que el Fuego y sus secretos pertenecían a los Dioses. Entonces un ser humano, o un ser antropomórfico como el Pájaro Mosquito de los Shuar, roba los misterios para producir lumbres.

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Pájaro cegado por el fuego de la Luna
Joan Miró

Estos Mitos son parte de esa capa profunda de las creencias-certezas humanas a las que Carl Gustav Jung denominó «Arquetipos».

Desde los insondables pozos del pasado humano, el mito de la domesticación del Fuego sigue pasmando nuestras imaginaciones

El Pájaro de Fuego - Finale
Igor Stravinsky

La sempiterna corriente de los Mitos (I)

Los Mitos: aquella corriente misteriosa que comparten los sueños y las creencias colectivas; corriente formada por los sueños y las imágenes sobre el origen y el fin de la vida, de la existencia toda. Aquella corriente que no cesa de emerger de manantiales profundos, y cuyas aguas se deslizan en los niveles subterráneos de lo inconciente y lo subconciente, para luego salir a la superficie formando distintos cauces, según el relieve y siguiendo las variables rugosidades de la Tierra. Los Mitos: ríos cuyas aguas son las mismas, pero que se conjugan en múltiples variaciones de acuerdo al entorno y a los significados que los hombre le asigan a esa relación entre su ser y sus ambientes naturales.

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ORIGEN LUNAR DE LAS DEIDADES MESOAMERICANAS: Tlazotéotl, Tezcatilipoca y Quetzalcóatl (El Tótem asociado a la Luna es Tochtli, el Conejo)

Aquella corriente misteriosa a medio camino entre el sueño y la certeza en la realidad de las imágenes sobre el origen y el fin, es la sempiterna corriente de los Mitos.

Decía el sociólogo y antropólogo Emile Durkheim (1858-1917) que los Mitos son unos relatos que se refieren a lo “sacro”, a “lo sagrado” de los orígenes de todos los seres. Esta separación entre “sagrado” y “profano” (es decir, lo que se refiere a lo terrenal) es clave para entender a los mitos. No se crea que los Mitos son una creación única de civilizaciones “precientíficas”, pues aun en la actualidad, vemos que existen mitos “laicos”, mitos por ejemplo sobre la “heroicidad” de cierta “gesta popular o nacional”, a cuyos personajes se les reviste con los ropajes de supra-humanidad, de ser unos seres más allá de la terrenalidad en la que vive el común de los mortales. De ahí a considerar “sagrados” (en el sentido de no profanos) a esos episodios y su galería de héroes y villanos, hay un umbral finísimo. Tomemos como ejemplo a las historias oficiales sobre las luchas independentistas, o las “gestas” colectivas contra los coloniajes.

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SACRALIZACION Y MITOLOGIZACION DE EVENTOS Y PERSONAS Ho Chi Minh, dirigente vietnamita y socialista que luchó contra los colonialistas franceses y norteamericanos

¿Qué es lo que hace poderosos a los Mitos? ¿Por qué son inventados? ¿Por qué las personas creen que son reales? ¿Por qué a partir de los Mitos se establecen relatos y narraciones “sagradas” que muy a menudo se acompañan de prohibiciones, castigos, reglas y métodos para determinar culpas colectivas e individuales?

Parece que no hay una sola respuesta válida a esta serie de interrogantes. Cada cultura y cada civilización tienen una personalidad y singularidad que no permite realizar una generalización, una respuesta genérica que se aproxime a saber por qué ha creado ciertos mitos y por qué sus creadores (las personas que viven dentro de esa cultura) los creen “reales”.

Sin embargo, han existido intentos para hallar esas respuestas generales.

Sigmund Freud en «Tótem y Tabú» (escrito entre 1912 y 1913) menciona que el terror colectivo al incesto es un hecho antiquisímo en todas las culturas. A lo largo de la historia, se ha tratado de expulsar al incesto de castigos y represiones que han hechado raíces en el inconciente, formando entonces a los Tabús: lo que no está permitido ni siquiera pensar, y muchísimo menos hablar, pues representa una transgresión que acarrea angustias y neurosis no sólo para las personas que rompen los tabús, sino también para el resto de la colectividad. Códigos de conducta y de pensamiento se han elaborado y reelaborado para reprimir el rompimiento de los Tabús, y sobre todo los del incesto y del parricidio. Muchas de las neurosis actuales, de acuerdo al fundador del psicoanálisis, se deben a los sentimientos de culpa producidos por el haberse permitido pensar, soñar, mencionar y haber vivido tentaciones o actos ya fuese de incesto, ya fuese de parricidio.

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TEOCALLI DE LA GUERRA SAGRADA - CULTURA AZTECA
(vista posterior)
El animal totémico por excelencia de esta cultura fue el águila, que en este relieve aparece erguioda sobre frutos de nopal que representan corazones humanos. El águila es el tótem del Sol, necesitado de la energía de corazones humanos para vencer a las fuerzas de las tinieblas.

Para Freud, los tabús se asocian a menudo con objetos o con animales, los cuales se convierten, entonces, en entes Totémicos, a los que está prohibido “desacralizar”. Los Tótems están asociados a Tabús profundos, y por eso entre estos dos elementos se han elaborado Mitos de origen, y que se manifiestan de distintas formas: a veces en narraciones, a veces en ritos religiosos, a veces en los sueños de las personas.

SATURNO DEVORANDO A SUS HIJOS - Goya La representación del Tabú del incesto, del filicidio y parricidio, según Freud presente en todas las culturas y en manifestaciones de angustia, neurosis y sentimientos de culpa.

Se puede estar o no de acuerdo con estas hipótesis de Freud. Lo que es cierto es que en los Mitos tenemos no sólo a relatos que tratan sobre el origen del estado de cosas existente. Hay en las mitologías ciertos elementos que se refieren a lo lo prohibido (tabús), y a asociaciones de los tabús y de lo “sagrado” con objetos materiales o seres vivos que pasan a ser los entes totémicos. Basta echar un vistazo a nuestro derredor para adverir que nuestras vidas personales y colectivas están pobladas por tabús, tótems y el gran cuadro en el que se enmarcan: los Mitos.

Estamos en un mundo donde la capacidad de asombro y de creación trata de ser domesticada por los sacerdotes del cientificismo, y por los mercaderes de los medios de comunicación masiva. Los primeros dicen ser los depositarios de la verdad y los enemigos de las falsedades. Los segundos no descansan un solo instante alimentando su propios mitos del consumismo: los estereotipos físicos, económicos y emocionales qu indican quiénes de nosotros pertenecemos, o no, a la clase superior de las personas.

Como lo sugirieron los surrealistas, la recreación artística y el consiguiente disfrute de los Mitos ayuda a liberar nuestras capacidades de asombro, de inventiva, de creación, de imaginar utopías, de salir fuera de las cárceles de la represión y la culpa.

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LA CAZADORA DE ESTRELLAS - Remedios Varo
Los artistas del surrealismo liberan a las fantasías oníricas de su concepción como superfluo, sin sentido, futilidad. La liberación de las culpas, pasa por la liberación de nuestra imaginación onírica.

Vamos a mencionar Mitos de algunas civilizaciones, como alimento para nuestras energías creadoras, fantaseadoras, surrealistas.

Mito de la creación de mundo según los jibaros (Ecuador y Perú, selva del Amazonas).

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Cabezas humanas después de la Tsanta, el ritual en el que los Jíbaros disminuyen el tamaño de los cráneos

La tierra, al principio, estaba desnuda y fría. Yus, el dios creador, pensó en vestir la tierra seca con árboles gigantes y pequeñas plantas. Entre las ramas el viento silbaba, lo que recordó a Yus que necesitaba poblar su creación con pequeños animales que silbaran como el viento. Creó así a pequeños animales, como las moscas y otros insectos, serpientes que también silbaban y los pájaros. Junto a ellos colocó pequeños animales que saltaban de rama en rama, muertos de sed.

Entonces se dio cuenta de que éstos no tenían agua, por lo que tomó un jarro de

oro y derramó el líquido sobre las copas de los árboles, formándose entre ellos

primero manantiales y después enormes ríos, poblándose de inmediato de

innumerables peces.

Miró entonces al cielo y, lanzando su pañuelo a las alturas, cubrió el cielo

apareciendo entonces el sol, la luna y las estrellas.

Pero Yus no estaba satisfecho con su creación, ya que sus criaturas eran demasiado

simples para comprender la grandeza de su obra, por lo que tomó un puñado de

barro y modeló una figura de hombre. Luego subió a un gran volcán y sobre su

cráter se coció el hombre. Yus dio un soplo sobre la figura para enfriar el cuerpo,

dándole así la vida e inteligencia para que se extendiera por la tierra.


Mito de los Orígenes según los Maoríes (Polinesia)

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ISLA DE PASCUA (CHILE)
Esta isla y otras del Océano Pacífico, fueron habitadas por las civilizaciones polinesias, a las que pertenece el pueblo Maorí.

En la época de la creación, la diosa Tierra (Papa), y su marido Rangi, el dios Cielo, estaban tan enamorados que se abrazaban y no se separaban el uno del otro. Por esta razón, la tierra y el cielo estaban siempre juntos y unidos sólidamente, de forma que la luz no podía entrar en el mundo.

Papa parió varios niños, pero éstos quedaron atascados entre sus padres y no podían escapar. Al final, los niños decidieron que tenían que salir de allí. Uno de ellos, Tane, sugirió obligar a sus padres a separarse. Todos los niños estuvieron de acuerdo en que esa era una buena idea. Entonces, uno a uno, trataron, sin éxito, de empujar a sus padres para separarlos. Finalmente, lo intentó Tane. Se dobló sobre sí mismo todo lo que pudo y se metió entre sus padres. Con sus pies apoyados en Rangi y sus hombros apoyados en Papa, empujó.

Empujó durante horas, empujó durante días, empujó durante semanas y durante años y años. Y muy, muy lentamente, consiguió ir desdoblando su cuerpo, ir poniéndose derecho, y, al final, separar a sus padres.

La luz entonces entró en el mundo y, por primera vez desde que el mundo fue creado, las plantas empezaron a crecer.

Pero Rangi y Papa estaban tan tristes por estar separados, que lloraban y lloraban. Las lágrimas de Rangi se transformaron en ríos, y los ríos al final dieron lugar al mar. Papa y Rangi lloraban tanto que, al final, hubo peligro de que el mundo entero fuera inundado.

Había que hacer algo: uno de los hijos dio la vuelta a Papa, de forma que Rangi no podía ver su cara. Así, él dejó de llorar tanto. Sin embargo, todavía puedes ver sus lágrimas cada mañana: son la gotas de rocío que permanecen en la hierba. Y las nieblas y vapores que se elevan desde el suelo, son los suspiros de Papa.



Mito de los orígenes de los Nativo-Australianos

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PINTURA ANONIMA REPRESENTANDO A LA MUERTE
Pueblo Nativo - Australiano

Al principio la Tierra era una llanura desnuda. Todo estaba oscuro. No había vida, ni muerte. El sol, la luna, y las estrellas dormían debajo de la tierra. También dormían allí todos nuestros antepasados, hasta que, finalmente, se despertaron y salieron de su estado, rompiendo la superficie bajo la que se encontraban.

Cuando estos antepasados se despertaron, vagaron por la Tierra, a veces

adoptando una forma animal (como canguros, emúes o lagartos), otras veces

adoptando una forma humana, y otras veces en forma medio humana y medio

animal, o mitad humana y mitad planta.

Los Ungambikula eran dos de estos seres, creados así mismos a partir de la nada.

Mientras vagaban por la tierra, los Ungambikula encontraron a unos humanos a

medio hacer: estaban hechos de plantas o animales, pero eran bultos sin forma.

Eran formas vagas y sin terminar, sin miembros ni rasgos distintivos. Se encontraban encogidas, formando una especie de bolas.

Con sus grandes cuchillos de piedra, los Ungambikula esculpieron esos bultos

informes, tallando las cabezas, cuerpos, piernas y brazos. Tallaron las caras, y las manos y los pies. Y, al final, los seres humanos fueron acabados. Es por esto que cada hombre y cada mujer debe ser fiel a la planta o al animal del fue creado (como el ciruelo, las semillas de hierba, los lagartos grandes y pequeños, el periquito o la rata).

Una vez hecho este trabajo, nuestros antepasados volvieron a dormirse. Algunos de ellos volvieron a sus casas bajo la superficie de la tierra, otros se transformaron en rocas y en árboles. Los caminos por los que vagaron, son caminos sagrados. Y en todos los sitios donde estuvieron dejaron señales sagradas de su presencia: una roca, una cascada, un árbol.


MUSICA NATIVO-AUSTRALIANA

DANZA NATIVO-AUSTRALIANA «EL PAJARO Y EL PEZ»

*** Continuará ***

Un relato corto

Vamos a continuar este viaje con una pequeña historia. ¿En verdad las cosas son totalmente inertes? ¿Podrían mostrar alguna empatía hacia nosotros? Exploremos un poco esa posibilidad.

Destellos

por Samara

Me había prometido desde hace tiempo no caer en tentaciones al hacer las compras y lo logré durante algunas semanas, pero esa vez fue diferente. ¿Qué me hizo voltear hacia ellas y percibir sus destellos vidriosos detrás de esa red que era su cárcel? Sí, allí estaban, colgadas de un alambre, redondas, vistosas, listas para irse conmigo. Dicen que uno no escoge las cosas que lleva, sino que son las cosas las que lo escogen a uno, y así sucedió ¿por qué? Quizá sus colores alegres y su transparencia irisada me recordaron la sonrisa de Chayito y lo mucho que le hubieran gustado esas canicas. “¡Ah, qué abuela mía!” pensé, mientras mi mano jugaba con los cambios de forma de la bolsita rellena de canicas. “¿Le gustarían como éstas?” Dudé un momento “¿quizá las ágatas…? ¿o los trebolitos…? No, éstas, seguro que éstas”. No había opción; como en sus mejores tiempos, Chayito había impuesto su gusto.

No fue difícil elegir qué hacer con ellas; jugar estaba descartado, nunca aprendí, y aunque supiera, bonita me iba a ver arrastrándome por el piso a estas alturas. En cambio, recordé la cajita de vidrio que tenía arrumbada en el armario. “Por fin va a servir para algo; chance y hasta la uso para un arreglo de ikebana”, me dije, pensando también en la base con púas para sostener flores que una amiga me regaló años atrás y que descansaba plácidamente en un cajón de la cocina. Pero pasaron las semanas y sin flores ni arreglos de ikebana, mis canicas sobrellevaban el tedio de las tardes sin empañar su brillo. Y así, discretas, silenciosas, parpadearon brevemente con la sombra de mi mano, que se alargó para tomar el teléfono cuando tú me llamaste por primera vez:

-¿Bueno?

-¿Patricia?

- Hola, Joaquín, qué gusto me da oír tu voz.

- A mí también, qué bueno que te encontré a esta hora.

- Sí, tenemos tiempo para hablar.

- Oye ¿qué es eso que suena como si algo se estuviera cayendo?

- ¿Cómo? ¿Qué es lo que escuchas?

- Algo así como piedritas cayendo.

- Ahhh… es que estoy jugando con unas canicas

- ¿Pero qué haces con ellas?

- Pues tomo un puñado y lo dejo caer en una cajita.

No podía ser de otro modo. En mi nerviosismo yo las hice partícipes de nuestra plática, ellas resbalaban divertidas, y en su caída dejaban escapar pequeñas carcajadas que yo interpreté como una celebración. Terminamos de hablar y mis canicas quedaron en silencio, pero sus destellos, como guiños cómplices, me hacían pensar que estaban al tanto de mis sentimientos. Meses después, cuando tú y yo discutimos por última vez, vi el mismo brillo en tus ojos, pero esas luces tan duras y frías en nada se parecían a los vagos reflejos que emitieron mis canicas cuando cruzaste la sala para irte.

Ahora inertes, esas esferitas de vidrio esperan pacientes el día en que el desánimo me permita salir a la calle a comprar las flores que colocaré en la base con púas, en el fondo de la cajita de vidrio. Ese día por fin ahogaré los destellos tristes de mis canicas bajo el agua y las convertiré en el adorno de un bonito arreglo de ikebana que, estoy segura, le encantaría a mi abuela Chayito.

El Mar... El Mar...

Un título muy poético de una novela de la escritora irlandesa Iris Murdoch (1919-1999).

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La trama es de una sencillez y al mismo tiempo, de una puesta en escena de obsesiones humanas. Charles Arrowby, director de teatro y dramaturgo retirado, se va a vivir a una casa junto al mar. En uno de sus paseos por el pueblo cercano, reconoce a la mujer que fue su primer amor. Rememora que hace años en sus encuentros amorosos se juraron la intemporalidad de su pasión; sin embargo, Molly desapareció sin explicación.

A lo largo de su vida, Arrowby trató de sublimar esa pérdida dolorosa inflingiendo dolores a las mujeres con las que se relacionaba. Siempre optaba por el abandono, así creyera que se había enamorado profundamente. La vista de Molly, le permitió cobrar conciencia de que su vida sentimental era un desquite contra la desaparición de esa mujer idealizada.

Arrowby la espía, la sigue, trata de hacerla su amante, aunque ella está casada con un papanatas. Arrowby tiene el arrojo de presentarse en la casa de la pareja y le dice al marido que Molly le pertenece a él, Arrowby. Tras distintas situaciones, en las que se presentan las queridas del dramaturgo y toman nota del apasionamiento de Arrowby por Molly, esta mujer vuelve a desaparecer.

El testigo de este renacimiento poderoso de la pasión es el mar. El océano al que Arrowby creyó liberador, pero que terminó siendo la personificación de sus hondas contradicciones, de sus profundas heridas nunca sanadas, de sus incapacidades para amar que rompían como olas entre peñascos, hiriendo a mujeres, a hombres, a cualquiera con quien tuviese alguna liga emocional.

Fiel reflejo de su autora, «El mar… El mar…» es espejo de sus arrebatadas pasiones. Iris Murdoch tuvo una vida sexual libre de prejucios, en la que hubo relaciones lésbicas, adúlteras, ocasionales. Además, la irlandesa tuvo un largo y torrencial romance con el Nobel Elias Canetti. «Me subyuga completamente», escribió Murdoch en uno de sus diarios. «Es un toro, un león, un ángel», añade en otro pasaje.

El mar es un motivo para expresar lo potente y lo hondo de nuestras pasiones. Igual hay huracanes, que períodos de clama chicha, o bien unas aguas marinas sumidas en borrascas, fuegos de San Telmo…, y seres tan inspiradores como las Ballenas.

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Ballena Azul

MOBY DICK

(Herman Melville)

CAPITULO PRIMERO

Espejismos

(FRAGMENTO)

«Llamadme Ismael. Hace algunos años, no importa exactamente cuántos, con poco o ningún dinero en la bolsa y sin nada de particular que me interesase en tierra, pensé que debía navegar un poco y ve la parte acuática del mundo. Es mi modo de librarme de los malos humores y de regular la circulación. Siempre que noto la boca torva, o que un noviembre húmedo y lluvioso se apodera de mi alma; siempre que, sin darme cuenta, me detengo ante los depósitos de los ataúdes y cierro la marcha de todos los funerales con los que me encuentro y, especialmente, siempre que la depresión se apodera de mí de manera que se requiere un fuerte principio moral para impedir que salga deliberadamente a la calle a derribar los sombreros de la gente, estimo que es hora de que me vaya al mar tan pronto como sea posible. Esto sustituye para mí a la pistola. Catón, con un florilegio filosófico, se lanza sobre su espada; yo me embarco tranquilamente. En esto no hay nada de sorprendente. Todos los hombres, en más o menos grado, en una ocasión o en otra, abrigan hacia el océano casi los mismos sentimientos que yo, aunque no se den cuenta.»

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No vale la pena repetir al detalle las aventuras de Ismael a bordo del desdichado ballenero “Pequod”, al mando del enloquecido capitán Ahab. Más bien se invita a la lectura de esta hermosa y compleja novela de Herman Melville. El tema sustancial es la rebelión del ser humano ante las fuerzas naturales que lo sobrepasan, que lo hunden en la conciencia de su pequeñez. La ballena blanca, Moby Dick, en su color albo quizá representa a la naturaleza pura, no domesticada por el hombre, y que lucha para conservar precisamente su puro estado natural. Es tanto el poder de la ambición humana para dominar a los entes naturales, que la locura de Ahab no tarda en ser compartida por el resto de la tripulación: hay algo de maléfico, de satánico, de blasfemo, en el pacto de sangre que hacen los marineros con su demente capitán, con tal de matar a la ballena blanca.

«…Voy hacia ti, ballena que todo lo destruyes, e inconquistable, lucho contigo hasta el final, desde el corazón del infierno te apuñalaré, de odio te escupo mi último aliento. ¡Que se hundan todos los ataúdes y todos los carros fúnebres en un lago común!¡Y puesto que ninguno puede ser mío, arrástrame hasta dejarme convertido en trozos, mientras todavía te persigo, aunque esté atado a ti, maldita ballena!»

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Cadáver de Ahab clavado en el lomo de Moby Dick

La escena termina cuando Moby Dick se dirige y embiste al «Pequod», destruyéndolo. El naúfrago Ismael salva la vida al aferrarse al ataúd (vacío) de Queequeg, mientras observa al cadáver de Ahab clavado en el lomo de la magnífica ballena blanca, que se aleja, circundada por una banda de pájaros que ofician himnos sobre la eterna potestad de la naturaleza.

El relato, la trama y el tema de esta novela, tienen como sustento histórico la cacería de ballenas. Esta actividad es el epítome, la realización por antonomasia de la relación del hombre con la naturaleza: se daba caza a estos cetáceos para aprovechar, al principio, su carne y después, sus aceites empleados en numerosos productos. En particular el llamado «semen» o aceite del cachalote, que durante siglos proveyó de luz artificial a ciertas civilizaciones. Esta cacería a gran escala diezmó gravemente la población de estas ballenas. Se las mataba sin conocerlas; sin que importara detenerse a saber sus rarezas, sus particularidades, sus hábitos.

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Foto de una "buena" cacería de ballenas

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Ballena Azul a punto de ser destazada

En la actualidad, apenas estamos en el cuarto decenio de la historia en la que se busca protegerlas y conocerlas.


Nuestro tercer planeta tendrá en su historia futura el registro de uno de los sonidos más bellos, el hermoso «canto de las ballenas». No sólo el viajero Odiseo tuvo que taparse los oídos para escapar del embrujo de cantos similares: quizá un rasgo que determine el grado de humanidad de una persona cualquiera, sea el grado de emociones y de inspiraciones producidos por las canciones de las ballenas.


En un documental de la National Geographic, Roger Payne, especula sobre una idea muy interesante: afirma que el canto de las ballenas es un misterio no menos misterioso que el canto humano. Dice que es muy difícil explicar por qué hacemos música los humanos y que eso habla sin dudas, de una herencia evolutiva muy anterior a la especie humana... y que explica muy bien por qué las ballenas y humanos nos sentimos fascinados recíprocamente en una corriente de curiosa empatía.

Documental de la National Geographic sobre el Canto de las Ballenas:

Sitio sobre cantos de ballenas:

http://www.whalesounds.com/home/index.html

A Betty

(Homero Aridjis)

Y Dios creó las grandes ballenas
allá en Laguna San Ignacio,
y cada criatura que se mueve
en los muslos sombreados del agua.

Y creó al delfín y al lobo marino,
a la garza azul y a la tortuga verde,
al pelícano blanco, al águila real
y al cormorán de doble cresta.

Y Dios dijo a las ballenas:
“Fructificad y multiplicaos
en actos de amor que sean
visibles desde la superficie

sólo por una burbuja,
por una aleta ladeada,
asida la hembra debajo
por el largo pene prensil;

que no hay mayor esplendor del gris
que cuando la luz lo platea.
Su respiración profunda
es una exhalación”.

Y Dios vio que era bueno
que las ballenas se amaran
y jugaran con sus crías
en la laguna mágica.

Y Dios dijo:
“Siete ballenas juntas
hacen una procesión.
Cien hacen un amanecer”.

Y las ballenas salieron
a atisbar a Dios entre
las estrías danzantes de las aguas.
Y Dios fue visto por el ojo de una ballena.

Y las ballenas llenaron
los mares de la tierra.
Y fue la tarde y la mañana
del quinto día.

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